domingo, 5 de febrero de 2017

Ironbridge. Viajar en el tiempo es posible.

       Tantas veces como quieras y por quince libras nada más. Claro, que a diferencia de Marty McFly, sólo puedes viajar al mismo punto del espacio-tiempo. Pero, ¡hey!, no necesitas esperar a que un rayo caiga en la torre del reloj para poder volver a la época actual. Aunque el Delorean era lo más, tendía a quedarse sin combustible en el momento menos adecuado. Así que nosotros, queridos viajeros, optaremos por algo más seguro: simplemente cruzar una puerta. Tampoco necesitaremos uranio, con 25 libras (o 15 si somos estudiantes) podremos comprar nuestro billete, ¡válido durante todo un año!

    ¡Bienvenidos a 1900! Estamos en Blists Hill Victorian Town, una pequeña y próspera población inglesa que vive principalmente de la fundición de hierro y de la producción de tejas y ladrillos. A tan sólo tres millas de la considerada "cuna" de la Revolución Industrial: Coalbrookdale

  Tomad cada uno un mapa y ¡empezamos!


   Como veis, hay muchísimo que ver y en lo que ocupar el día. Blists Hill Victorian Town se alza sobre un antiguo enclave industrial, donde nunca existió una ciudad como tal, sino que se han traído piedra a piedra edificios de la zona circundante y se ha ido construyendo el museo, que es el pueblo entero, básicamente. Hay un montón de negocios funcionando (casi todos, de hecho) y atendidos por trabajadores vestidos de época. Entras en las casas, comercios, talleres, etc y ves cómo se realizan los trabajos en vivo. Todo el personal está totalmente metido en sus papeles y son apasionados de sus profesiones, de las que te cuentan todo tipo de cosas.

     Si os parece, empezamos por el banco, donde cambiaremos nuestra calderilla por monedas de entonces para pagar en los comercios donde decidamos comprar. Podemos pagar en libras actuales si queremos, pero igual os hace ilusión usar farthings y half pennies. ¡Vamos allá!

¿Los grandes almacenes de entonces, quizá?


Farmacia. A ver si tienen algo para la tos...




       Lo mismo te venden emplastos que unas gafas. Curioso. 

¿Alguien necesita sacarse una muela?
      
   Yo creo que voy a pasar. Parece peor el remedio que la enfermedad. Seguimos callejeando.

Hojalatero, herrameintas para el establo, costurera y modista... En todos los negocios hay alguien trabajando.
      


Zapatería. Esto puede ser interesante.
Igualita a la que todavía queda en mi pueblo. El zapatero de mi pueblo ya no hace zapatos pero los repara y su pequeño local todavía parece más de otra época que este. ¡Me encanta!


       Todo es totalmente realista precisamente porque todo funciona de verdad. Por ejemplo, nada más abrir la puerta de la post office, notas que el olor a cera quemada lo impregna todo. De hecho el cartero tiene la mecha encendida todo el día. Y es que antaño las cartas se precintaban así:

Con un pegote de cera marcado con tus iniciales o tu marca personal por encima. 
     Nos explica que son necesarias exactamente doce gotas de cera. Y que sólo las señoritas ricas y con buena dote usan la cera dorada, para indicar su posición social. El resto de la gente usa la grana. Para correspondencia oficial se marca la cera con la corona de la reina. También cuenta que incluso hoy en día el ejército a veces precinta sus paquetes con cera como cientos de años atrás. Suena bien, aunque no sé si creérmelo. Se vende cera para precintar y cuños, por si a alguien le hace mucha ilusión enviar una carta como antaño.

  Hay un montón de anuncios en las paredes. Dos de ellos me llaman especialmente la atención:

Se venden licencias de perro.
     ¡Lástima que no sigan necesitándose hoy en día! Se les evitaría mucho sufrimiento a muchos pobres animales.

Anuncio real de la época.

  Se buscan colonos para ir a Australia. Se les paga el billete a los trabajadores de granja solteros de 17 a 35 años, o hasta 45 si son casados y a las mujeres solteras de 17 a 35 años que vayan a trabajar como empleadas del hogar. 
Se buscaban sobre todo trabajadores para la agricultura: agricultores, ganaderos, "jardineros", hortofruticultores... Cualquiera que quisiese vivir de una granja y poner la tierra a producir. Tenían diez años para pagar el "préstamo"




      
 Era irse a la otra punta del mundo para jamás regresar. Pero era una gran oportunidad de tener un mejor futuro. Mejor que quedarse a trabajar en la mina o en las funciones y morirse a los cuarenta y pico, al menos. 


     Después de visitar con calma el museo del Royal Mail del piso de arriba, el cartero amablemente posa para una foto y sigo mi camino. Entro en el local del retratista, donde por quince libras te puedes hacer una foto con ropas de 1900. Están simpáticas, pero quince libras son quince libras y estarán mejor empleadas en otras cosas, así que ahí no pico.





     Y esto que veis aquí, queridos amigos...

¡es ni más ni menos que un rompehielos!







Sí. Rompehielos. En Inglaterra. Inicialmente tirados por caballos.





Hay que tener en cuenta que entonces el transporte de materias primas y productos de la industria se realizaba por los canales. Así que un canal helado podía paralizar totalmente el comercio. El ferrocarril llegó poco después de la construcción del sistema de canales, pero mientras tanto eran el sistema de transporte que había y había que mantenerlo operativo en todo tipo de condiciones.







         Entro en la tienda de golosinas, ultramarinos, tasca donde están sirviendo la comida del día... Y me topo de casualidad con la lavandería, donde ibas a lavar el día y a la hora que se te había asignado. 



       Yo todavía recuerdo la época en que no había lavadora en mi casa y mi madre y mi abuela iban a lavar al lavadero del pueblo o al río si en verano había mucha sequía. Mejor lavar en el río que en una tina donde apenas hay espacio, ¿no? Que puedes lavar mantas y sábanas y de todo. Claro que aquí, con toda la industria que había, probablemente eso no fuese una opción: ¡debía de llevar más mierda que agua! De hecho nos explicaba un guía que nos dio un pequeño tour por la fundición que el patrón les daba a los trabajadores doce pintas de cerveza al día (Doce. Habéis leído bien: seis litros), porque el agua llevaba de todo y podías morirte de todo tipo de enfermedades. ¡Hasta de cólera!

      Puede parecer mucha cerveza, ¡y lo es!, pero hemos de tener en cuenta que estaban doce horas trabajando en lo que si no lo era, se le parecía mucho al infierno. Con hierro candente por todos lados. ¡Y operando medio manualmente un "martillo" o prensa que hacía una fuerza de veinte toneladas por centímetro cuadrado! Lo raro sería que no hubiese accidentes. Parece ser que la ginger beer empezó a consumirse precisamente en las fundiciones porque tenía menor contenido alcohólico y mayor valor nutritivo que la cerveza de cebada.

     Visito la carpintería/ebanistería, donde el carpintero está apuntando pedidos y explicándole algo a un visitante que parece que controla de la materia. 


Señor Gepetto.


Salgo y visito al fabricante de velasNada más entrar, un tufo a cera y sebo caliente te golpea en la cara y te oprime los pulmones. Al cabo de unos segundos empiezas a poder respirar con más normalidad. 


       La artesana es lo más amable y entusiasta que te puedas echar en cara. No para de hablar y trabajar al mismo tiempo.

Lo sé: la foto ni queriendo podría haber salido más movida y más mala. Sorry about that!
     La buena de la mujer me cuenta que se hacían miles de velas a la semana y que las hacían de dos tipos: verdes y blancas. Las blancas se las vendían a todo el mundo, mientras las verdes eran sólo para los trabajadores de la mina, a quienes el patrón daba tres al día. De vez en cuando se pasaba por las casas de los mineros (que él les arrendaba) a vigilar que no tuviesen velas verdes de la mina, ya que su uso doméstico se consideraba robo y entonces eran despedidos de inmediato y echados a la calle junto con sus familias. Si les quedaba algo sin quemar, tenía que quedar abajo en las galerías. Donde, además cumplían la doble función de terminar con las ratas, ya que ese color verde característico se conseguía con polvo de cobre, que, ingerido, es venenoso.

     Le hace gracia que me cueste respirar a causa del olor seboso tan intenso y me dice que lo que usa ahora es cera derretida con parafina, pero que antes en vez de con parafina se mezclaba con sebo derretido de oveja o vaca, así que si esto me parece demasiado que me haga una idea de cómo debía de oler entonces. ¡Me la hago! Jaja.  Y me hace una demostración para que vea que las velas que ella hace con la técnica de antes "no se apagan" porque llevan doble mecha de hilo de algodón. Realmente puedes menearlas cuanto quieras que no se apagan. Cuatro por una libra. Vale, póngame cuatro. No es que yo las use, pero en mi casa de Galicia sí, que varios días cada invierno hay cortes de electricidad por árboles que se caen sobre el tendido eléctrico, como estos días, precisamente. Me las envuelve en una hoja de periódico con noticias reales de la época. Y es que, amigos míos, tenemos una imprenta donde comprar y encargar carteles y anuncios de entonces. O copias de periódicos. O encargar anuncios personalizados pero impresos como hace cien años.


Otra foto movida.

Y otra más. Esta vez con la cámara me he lucido. Pffff!!
        Hay una panadería donde venden el pan que hornean en su horno de leña, carnicería, la oficina del perito/topógrafo, una pequeña capilla, casas de gente de varios estratos sociales...

Sin cemento ni barro uniendo las piedras.






      Ésta era de una familia que construyó la casita en el terreno del patrón sin permiso. Era la más pobre. La mayoría eran algo mejores:


La reina era fea con alevosía.
       Entro a la consulta del médico, a la escuela... 



Sigo callejeando y deambulando sin rumbo fijo...


 y me llama la atención la cantidad de anuncios publicitarios que hay.

Entre otras cosas, de bragas que no encogen. Importante.
De lana. ¡Anda que no debía de picar aquello! 
     Visito al cerrajero,


que buscaba aprendiz:


... distintos talleres donde reparaban las máquinas de la mina, de la fundición,  maquinaria del tren...




... la herrería...



       que también está en funcionamiento para los visitantes, aunque en el momento en que yo me pasé no estaba el herrero.
   
     Me he parado mucho en la zona de los comercios y de las viviendas y me queda poco tiempo para la zona industrial. Así que sólo os enseño rápidamente unas fotos de lo que hay:

Ruinas de los "blast furnaces", que no termina de quedarme muy claro cómo traducirlo, así que lo dejaremos en "hornos".
       En el edificio de atrás solía haber tres grandes "motores" que insuflaban no sé cuántos metros cúbicos de aire por segundo (muchos, por cómo se emocionaba el guía) para avivar las llamas y meter oxígeno en los blast furnaces.





Ésta es la fundición. Aquí merece la pena que esperéis al guía. De lo contrario sólo vais a ver máquinas que, sin una explicación, no os dirán nada.

       Lo que más me ha impactado fue lo que contaba de los que estaban vigilando el hierro fundido: que a los treinta y pico estaban prácticamente ciegos y a los cuarenta - cuarenta y cinco, MUERTOS. Por una parte los altos niveles de radiación infrarroja directamente en los ojos les producían cataratas y por otra, estaban todo el día respirando humos tóxicos que les acababan con los pulmones. Si a todo eso, que ya no es poco, sumamos los hasta seis litros de cerveza diarios, no es difícil imaginar que la esperanza de vida no era muy alta. Empezaban a trabajar en la fundición de niños muy niños, además. Es decir: una vida corta y llena de penurias desde muy temprana edad.


      Libré el viernes y aproveché para venir aquí. Me pasé de las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde, porque era hora de cerrar, sino más tiempo seguiría. Por eso a los museos voy siempre sola: porque me gusta pararme a verlo toooodo y a leer todo lo que se cuenta y si voy con alguien se me aburre, que lo entiendo perfectamente. Jaja. 

      Vale muchísimo la pena, pero mucho, MUCHO, que os compréis el pase anual, que os sirve para ir todas las veces que queráis durante un año a todos los museos de Ironbridge. Hay diez museos, éste sólo es uno, que ya por sí mismo merece la pena pagar el pase anual, pero además podréis visitar los otros nueve. Si tenéis alguna tarjeta de estudiante del college o de la universidad os saldrá por 15 libras nada más. Información y precios aquí, echadle un ojo, que de verdad que es una ganga. Incluso aunque hubiese tenido que pagar las 25 libras no me hubiese dolido; las vale simplemente el pueblo victoriano. Es una visita que no os deberíais perder incluso aunque viváis algo lejos. IRONBRIDGE, anotad el nombre y haced un hueco en vuestra agenda. 

3 comentarios:

  1. Bunas noches,

    Jooooooooooder Arabella, que pedazo currele de entrada, lo has bordado ;)

    Ni te imaginas lo que me hubiera gustado haber visitado un lugar así cuando estuve aquí con mi mujer y mi hija, yo lo hubiera disfrutado como no te lo puedes imaginar, sólo de pensar en el jartón de fotos que hubiera tirado es que se me hace la boca aaaaguaaaa :(

    Antxon.

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    Respuestas
    1. La verdad es que sí me lo imagino porque el sitio es una pasada. Pero, como te dije en su momento, ¡esto está muy lejos!

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