sábado, 10 de octubre de 2015

Confesiones

    Haciendo limpieza entre las cosas que había guardado antes de formatear el ordenador me topé con esto: un comentario que dejé en algún blog de cuyo nombre ya no me acuerdo e hice primero en word porque no me fiaba un pelo de que mi conexión a internet no se fuese al garete justamente al darle a "Enviar".

    Os advierto que es de bastante vergüenza ajena, pero es lo que hay...

Este post podría perfectamente haberlo escrito yo. Cambia “Derecho” por “Veterinaria” y ya está.
1- Era considerada una buena carrera con muchas salidas, lo cual me “aseguraría” (añade aquí varios pares más de comillas) un buen futuro. (Me parto y me mondo…)
2- Lo que de verdad me gustaban eran las letras (Filología inglesa o en su defecto, Traducción e Interpretación), pero por entonces se decía que las letras eran para los que “no valían para las ciencias”. Eran algo lúdico, no nada con lo que uno pudiera ganarse el pan en algo “serio” (Lo sé…, puedes apalearme)
3- Mi entorno directamente había cosas que no las contemplaba, como las letras. Como tú, también carecía de la personalidad para plantarme y elegir libremente, pero li-bre-men-te, eh? Sin condicionamientos externos ni INTERNOS. Pero puestos a ser LoPeor, fui un paso más allá y fui LoPeorDeLoPeor pensando: “Como aparte de Filología no tengo ni puñetera idea de qué quiero hacer, voy a hacer Veterinaria, que es lo que a mis padres más les gusta. Así si me equivoco no será MI equivocación” ¡¡¡Ole, ole y ooooooole!!! (Sí…, estamos de acuerdo: merezco ser abofeteada hasta la muerte. Me avergüenza hasta escribirlo)
¿Pero sabes qué fue lo Muy_más_peor_ever? Que en primero de carrera (sí, sí, sí; en PRIMERO) tuve la revelación de que aquello no era para mí ¡¡y no le hice puñetero caso!! (¿Que si soy tonta? Esto… eso es una pregunta retórica, ¿no?)
Veía a los demás súper emocionados hablando de razas de perros, de concursos de belleza de animales, llevando catálogos de vacas y de toros en la carpeta y ojeándolos en los descansos…. Y pensaba: “¡¡¡¡Están todos zumbadíssisisiimosssss!!!! No sé si no me aburriré de los estudios, de la peña y de tanta payasada a mitad de carrera.”
Fantástico momento para “darse el piro”, ¿no crees? Pues sí, peeero ¿qué hice yo? ¿Escuchar a la vocecilla que me susurraba, quiero decir, al berreo martilleante de mi anulado sentido común? Noooooooo. Seguí y terminé con una nota bastante buena, además. Y preguntándome para qué demonios me valdría el título aparte de para ejercer de algo que aborrecía. Trabajé cuatro años y medio haciendo clínica de grandes hasta que un buen día por fin espabilé (Iba siendo hora, lo sé) y exploté. Pero exploté, exploté… Del verbo ex-plo-tar, cual explosión nuclear. Lavé el coche y le dije al jefe: “Hoy es mi último día. Aquí tienes el coche y las llaves” ¿¿¿Y el mes de preaviso??? Uyyyyy (Vamos a ver… ¿no te había dicho que EXPLOTÉ? ¿Qué entiendes tú por explotar? Pues eso: a tomalpolculotodo y haz lo que creas conveniente por no haberte avisado antes)
      Con esto confieso públicamente que soy una COBARDE. Sin paliativos.

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