viernes, 19 de diciembre de 2014

Ni queriendo se puede meter tanto la pata.

        Mientras escribía el post del otro día, volví a recordar vívidamente a los tontolabas de mi primer trabajo, que bajo ningún concepto te decían su nombre cuando concertaban una visita o dejaban un recado. Nunca sabías a quién ibas a visitar. Muuuuy extraño, lo sé. Pero había algunos que eran para echarles de comer aparte. 

    Había una viejecita que avisaba para que fuéramos a la "casa de Bianca" a poner una vacuna, a ver una otitis o lo que fuera... ¿Acaso se llamaba Bianca la señora? No. ¡Era la puñetera perra! Ya me ves a mí el tiempo que podía pasarme en la aldea preguntando por la casa de la tal Bianca... ¡Como para que alguien supiera decírmelo! 

   Señora, ¿quién coño va a saber cómo se llama su perra? Imagínese la cara de cualquiera de sus vecinos al preguntarles por la casa donde vive la perra Bianca. Si no se la imagina, ya se lo cuento yo: "A esta chavala le faltan varios hervores. Pobre. Hay que ver... Cualquiera puede ser veterinario"

     Claro que en este caso la culpa era tanto de la señora como de mi jefa por no coger bien el recado. ¿¿¡¡Un recado sin nombre ni teléfono de contacto!!?? Sí y eran el pan mío nuestro de cada día, pero como la que perdía el tiempo era yo, a ella le daba igual.

     Lo más surrealista con diferencia fue la vez que vacuné los perros que no eran. Típico recado sin nombre del cliente, ni un teléfono de contacto, ni nada de nada. La nota sólo ponía: "dos vacunas tetravalentes en la primera casa de la aldea tal. Ir a partir de las tres" ¿Pero que mierda de recado es éste? Empiezo a hervir de mal genio sólo de leerla pero me callo y tiro para allá. Llego a la primera casa y llamo al interfono del portalón. Ni me preguntan quién soy. Abren directamente y allí que entro.

Ah, vale, me estaban esperando.

- Hola. Vengo a vacunarle los perros.

Dos galgos que son todo miedo. Pero con monerías, comida y montones de paciencia, la señora me los agarra y los vacunamos. Cuando voy a sellarles las cartillas y ponerles la pegatina veo que habían sido vacunados hacía menos de seis meses.

Les faltaba medio año para volver a vacunar. ¡Qué raro! ¿Por qué tanta prisa?

La señora me paga y me voy.

Todo tan normal hasta que a las nueve de la noche me llama un tío todo encabronado que a ver si me voy a dignar a vacunarle los perros... Que lleva toda la tarde esperándome y que él tiene más vida que hacer que estar esperando a la veterinaria.

- O_o  ¿Quién es usted? ¿De dónde me llama?
- Soy el de la primera casa de la aldea... (la aldea en cuestión a donde ya había ido) Le dejé el recado a tu jefa a la hora de comer.
- Mmmm... Es que sus perros ya los he vacunado. Me los agarró su suegra o su madre; la señora que estaba allí.
- ¿¡¡Me estás vacilando!!? Vivo solo. Estuve toda la tarde en casa y por aquí no vino nadie.

Empiezo a hiperventilar... ¿Los perros de quién coño habré vacunado? ¿?

- Pero vamos a ver: ¿su casa no era la primera de la aldea? ¿No es la que tiene el portalón verde?
- Mi casa no tiene ningún portalón. ¿Tú desde dónde has entrado?

¡TIERRA, TRÁGAME!

Resumiendo: que había vacunado los perros de una vecina a los que ni siquiera les tocaba. Pero es que la señora también... Pffff. A ti te viene una persona diciendo que viene a vacunarte los perros y no le dices "¡Será si te dejo!". Joder, ¿abres a cualquiera que timbre sin preguntarle quién es? A mí me abrió la señora de la "primera casa", me agarró los perros y me pagó sin hacer absolutamente ninguna pregunta... ¿¿Por qué iba yo a sosopechar que no era allí??

2 comentarios:

  1. Míralo por el lado bueno: menos mal que era una vacuna y no una castración... ;-p

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  2. Bueno, bueno... ¡Me llega a pasar eso y me da un p'allá! Incluso así no sabía dónde meterme.

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