miércoles, 3 de septiembre de 2014

Memorias de veranos pasados.

     Hace algún tiempo que alguien del pueblo, presa de un ataque de nostalgia,  se hizo un perfil en Facebook con el nombre de mi aldea y, muy a lo Yo fui a EGB, va subiendo fotos de hace veintipico o treinta años. Cada vez, tanto por las que él/ella sube, como por todas las que le mandan, hay más y más fotos. De pandillas de niños ahora adultos, de trabajos de campo que ya no se hacen, de casas y caminos que han cambiado o desaparecido, de abuelos y abuelas que ya no están... Es verlas y sentirme de nuevo transportada a mi infancia. Es bueno recopilar aunque sea en un perfil de Facebook todos esos recuerdos y material, poder recordar mediante fotos cómo éramos y volver a ver las caras casi olvidadas de los se han ido para siempre.

     La foto del perfil muestra a una pandilla de niños formando una torre humana en el río. Es verla e inmediatamente sentirme transportada a aquellos veranos de río, bicis y moras. Veranos que ya no volverán, pero fue una suerte al menos haberlos catado.

Recordar cómo nos juntábamos allí cerca de cuarenta niños, entre locales y veraneantes. 

Cómo íbamos y volvíamos todos juntos, adolescentes y renacuajos, por un camino de tierra y piedras bordeado de altos matorrales. Que el último tramo era invadido por la maleza desde el final del verano hasta el comienzo del siguiente.

Que no llevábamos mochila; tan solo la toalla al hombro y las cangrejeras en la mano. ¡Ni bocadillo ni leches! Se merendaba al llegar a casa.

Que íbamos los pequeños "a cargo" de los más mayores, aunque éstos se la pasasen tonteando entre sí, presa de las hormonas propias de la edad. 

Niños que sabían nadar y otros que no sabíamos. Pocos o ningún adulto supervisando y nadie se volvía loco pensando que nos íbamos a ahogar.

Que en la parte central, ni siquiera los más mayores hacían pie.

Que las piedras del fondo hacían daño y eran muy pero que muy resbaladizas.

La sensación de los pequeños alevines tocándote las piernas.

Que cada día a la misma hora, una serpiente cruzaba nadando de una orilla a la otra.

Que rara era la tarde que no te picase algún tábano y la roncha grande que se te quedaba. Se mataban a manotazos.

Las nubes de mosquitos a última hora.

Que preferíamos el río a la playa.

Que, después de pasarse media tarde haciendo equilibrios delante de una pelota, al llegar a casa, mi hermano se arrancó a andar.




Recuerdo mi primer y único flotador, que apenas me dio tiempo a estrenar; el primer día que lo llevé, otra niña mayor me lo pidió prestado y se le escapó río abajo. Le pedí que lo recuperara, pero se ve que, al no ser más que una mocosa, no tenía demasiada autoridad.

Otra vez se me escapó un zapato al bajar a la orilla a lavarle un poco el barro. El superviviente me lo llevé a casa, de todas formas. Dos días más tarde encontré el primero, que se había quedado preso en unas ramas varios metros más allá. Cuando llego a casa y le muestro a mi abuela el Zapato Pródigo, ésta palidece: ¡¡acababa de quemar el Zapato Responsable a quien nunca se le había ocurrido escaparse río abajo!!


     Luego fuimos creciendo y los tiempos cambiando, hasta llegar a este punto en que los pocos niños que en verano hay, están mucho más "atados" o se les ha arrastrado a las dinámicas de los padres de ir cada uno a lo suyo y no interactuar o hacer cosas en común. Los progenitores prefieren tenerles siempre vigilados aunque eso implique aislamiento. También pienso a menudo que antes los adultos confiaban mucho más en el Sentido Común de los enanos; lo de dejarnos ir al río solos sin saber nadar era un claro ejemplo. Asumían que si no sabíamos nadar ya nos preocuparíamos nosotros mismos de no ir donde no hiciésemos pie o donde la corriente fuese más fuerte. Caía de cajón.

    ¿Me lo parece a mí o ahora a los niños se los trata de como si fuesen tontos de remate? ¿No hay bastante sobreprotección? ¿Esa preocupación excesiva no los vuelve precisamente menos responsables e independientes, más inseguros? ¿Se los trata como si fuesen tontos o se vuelven medio tontos por cómo se los trata?

    Vamos, lo que viene siendo el viejo dilema de ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?




1 comentario:

  1. ¿Esa preocupación excesiva no los vuelve precisamente menos responsables e independientes, más inseguros?

    O estaar tan protexidos nn coñecen a necesidad e nn espabilan.....

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