martes, 6 de mayo de 2014

Último regalo post-purgatorio.

       Exactamente tres años después de dejar aquel primer trabajo del que una de las pocas cosas que me gustaban eran los clientes, recibí el último regalo de unos de ellos (los de V). Los mismos que me regalaban ramos de flores cada vez que iba a su cuadra, ya que tenían varios invernaderos donde cultivaban flores para las floristerías de los alrededores. El suegro era además apicultor profesional: en la diversificación está la clave. 

       Así que cuando el otro día mi padre dijo que iba a ir a una aldea cercana a buscar un enjambre que había encargado porque que el señor se jubilaba, automáticamente pensé en ellos. 

- ¿A casa de quién vas?
- Se llama Fulanito. 
- ¡Eran clientes míos! Los de las flores. ¡Dale recuerdos! 

 Mi padre así lo hace. Se ponen a hablar, le preguntan por mí y tal y una vez envuelven bien la colmena y la meten en el coche, cuando quiere pagar le dicen que no, que no y que no. 

- ¿Pero cómo que no? Si ya de dije que te COMPRABA un enjambre si me lo vendías. 
- Vete anda, que no es nada. 
- ¿¿Cómo no va a ser nada?? Yo no vine a pedir sino a comprar. ¡Que yo sé lo que vale mantener una colmena sana y funcionando! 
- No te cobro nada... porque el regalo no es para ti sino para tu hija. Dile que es de parte de sus amigos los de V.

Mi padre vino que no daba crédito... Y no era para menos. ¡A 80 euros los estaba vendiendo de normal! Definitivamente, a unos cuantos ganaderos les dio pena que me fuera y, a decir verdad, este tipo de cosas no pasan en un trabajo "normal".

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