jueves, 12 de julio de 2012

De valientes y maulas.

          También llamados "pupas" en castellano.
 
          Después de un día de trabajo agotador quitando haces y haces de malas hierbas de una finca a medias con otra vecina que ni se ha dignado a aparecer para ofrecer un vaso de agua (ya no digamos a ayudar), veníamos mi madre y yo comentando la jugada. Cuando un familiar suyo la excusa diciendo que desde que ha partido la cadera tiene un hierro hasta la rodilla (Menos lobos, Caperucita!!! es la cadera, que no el fémur!) y que por eso no podía ayudar.  Bueno, bueno, bueno... Una tía abuela mía que tiene casi veinte años más y la misma lesión ha sembrado sus patatas y coles y ahora las está recogiendo, así que...
 
         Con todo esto me ha dado por pensar en la diferencia que hay entre las personas; unos la calma y maulitis personificada y otros puro nervio, que compensan la falta de fortaleza física con genio y fortaleza mental.Un caso extremo es el de un cliente que tuve, que tenía una cuadra de vacas de carne que literalmente se caía a pedazos, consecuentemente los animales estaban en semilibertad. Cuando ibas a inseminar a alguna o a hacerle cualquier cosa te tirabas más de media hora simplemente para atraparla y amarrarla bien. El señor era un hombre pequeñito de más de 70 años, todo piel y huesos y al que a veces se le iba un poco una pierna al CORRER... Pues bien, un día estando los dos en plan rodeo americano con el bicho atado ya por la cabezada, pero tirando él de nosotros más que nosotros de él, de repente me parece oír como una especie de chirrido/ crujido...
 
-  ¡Deje a la vaca, deje a la vaca, que se nos está rompiendo la soga! - Le digo.
-  ¡ La cuerda aguanta esto y más!
-  ¡Está chirriando! ¿No oye el ruido?
-  Es mi pierna
-  ¿¿¿¡¡¡...!!!???  ¿¿Su pierna??  (Imaginaos el ruido de una puerta que se abre en la típica peli de cagarse por la pata abajo)
-  Es de madera.
 
          Mi cara debió de pasar por todos los colores, hasta quedarme blanca como una sábana y con la boca abierta un palmo.  ¿Ein? Mi primer pensamiento fue: ¿¡pero cuánto hace que no se fabrican  piernas de madera!? para, a continuación, desfilar por mi mente todas mis anterioes visitas a su cuadra. Invariablemente el guión era siempre el mismo: llego, le pregunto por el animal y lo que él le nota y le pido una vara y una cuerda.
 
-  Déme una soga y una vara. Usted quédese fuera y ofrézcale pienso para que ella vaya acercándose al prendedero. No sea que le vaya a dar un golpe...
 
         Me enseña la cuerda y deja que la toque ligeramente con las puntas de los dedos para, inmediatamente, arrebatármela de las manos, presa de un salvaje frenesí cazador. Recordemos que estamos hablando de un vejete de más de siete décadas, menos de 1'60m y alrededor de 45 kilos mal pesados... Y tampoco está de más puntualizar que se trata de vacas Rubia Galega bien alimentadas.  Pues bien, el hombre tenía por narices que ponerle él mismo la cuerda al animal (bastante bravo porque estaban casi siempre fuera) y a gritos, palos, carreras y algún revolcón en el barro, llevarlo al fin a donde pudiéramos hacerle el reconocimiento... Y todo ese espectáculo con una pierna de madera que pocos años menos debía de tener que él. 
 
        Había una en concreto que le metía unos meneos y viajes que yo ya prefería ni mirar. Cualquier día lo mata, pensaba. ¡Qué va! Si cien veces se caía o era arrastrado, cien veces se levantaba y me sonreía con su sonrisa desdentada. jajaaja  ¡Con lo sencillo que resultaba ofrecerle pienso y las vacas solían ir solas! Cuando estaban su mujer o su hijo, era lo que hacíamos. Con él no, él necesitaba demostrarme que era imprescindible para llevar a cabo el trabajo.
 
        Tenía otro cliente relativamente joven al que la toma de fuerza del tractor le había arrancado una pierna también siete años atrás y tenía una ortopédica bastante moderna, pero que le hacía un daño horrible... Si la de madera del viejete (del año catapún, tosca, pesada y pésimamente lubricada) le permitía correr e incluso pelearse con las vacas, parecía mentira que la de éste otro (mucho más nueva, perfectamente ergonómica, de una aleación ultra ligera y no sé cuantas cosas más) fuese en comparación una porquería. Claramente no siempre lo último ni lo que tiene mejor pinta es lo que da mejor resultado. Con todo y eso me pregunto cuánto habrá tenido que sufrir el pobre vejete para desarrollar las callosidades que impedían que su patapalo le lastimara, al tiempo que me saco el sombrero ante la férrea fuerza de voluntad que le hacía sobreponerse a todo con su sonrisa al fifty-fifty de huecos y dientes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vamos, ¡puedes opinar! ;)