sábado, 7 de abril de 2012

Esa cabezadita robada

            ¿Dónde dormís mejor (aparte de en la cama, claro)? No me refiero solamente a dormir, sino a relajarse durmiendo de tal modo que no solo descanse el cuerpo sino también la mente. ¿En el sofá? ¿Sobre esa alfombra mega-peluda y mullidita donde la televisión quizá...? ¿En la playa?...

                     Yo en el coche. Cuando trabajaba interminables y agotadoras horas en mi primer trabajo, al llegar por fin al garaje apagaba el motor y me quedaba un ratito ahí relajada con los ojos cerrados al calorcito... E inmediatamente me quedaba dormida.  :)) Esa cabezadita robada qué bien sabía y qué bien me sentaba! Era mi único momento para estar tranquila porque cuando me metía en cama ya era para dormir deprisa y madrugar al día siguiente otra vez a toda prisa. Ese rato en el coche al terminar era solamente mío y de nadie más... Era relajante.

          Después de todo un día de agobio en el curro, realmente necesitaba un poco de tiempo para estar a solas (y en casa, nada más entrar, sin tener tiempo aún de colgar las llaves ya me asediaban todos al mismo tiempo: que si vienes cansada, que si quieres comer esto o lo otro, que en la nevera tienes esto, en la alacena lo otro y en la despensa lo de más allá... que a dónde has ido, que qué has hecho, que si te duchas ahora o luego, que a quién has visto, etc, etc, etc...)  AAARRRGGHHHHH!!! Dejadme todos en paz de una p**a vez!! ¿Ni siquiera en casa puedo tener ni un poquito de tranquilidad? Ni me apetece comer, ni daros el parte del día, ni ir corriendo a la ducha, ni que me leáis la carta o me comentéis el menú... Si tengo hambre ya cenaré, si no me gusta lo que hay ya cocinaré, si vengo cansada (era evidente que sí) no me déis la brasa, si tengo ganas de contaros cualquier batallita ya os la contaré (cuando me apetezca si es que me apetece...)  Lo único que quería y nadie me daba era TRANQUILIDAD. Estaba desesperada por poder independizarme y no tener que aguantar a nadie.  Mientras ese momento no llegaba el coche en el garaje era mi único refugio.

         Aún ahora sigue siendo ese rinconcito que me cobija y protege... Después de cualquier viaje más o menos largo me encanta cerrar los ojos cinco o diez minutitos y relajarme... Ya no te digo nada cuando me entra sueño de verdad y sí necesito dormir para no pegármela. Me acurruco en los asientos de atrás con una mantinta para tal menester y el bolso de almohada y me duermo en un plis-plás. Con este coche además tengo la suerte que traía ya cristales tintados. Descanso estupendamente, me despejo y en media horita estoy lista para continuar rodando como si nada.

        Desde que conduzco, el coche siempre me ha parecido, y lo he sentido así, un sitio muy acogedor, donde me siento segura y bien; libre al tiempo que protegida. Mi lugar relajante por antonomasia. Y no me refiero a ningún coche, marca o modelo en particular, sino al automóvil en general. Y el que tengo ahora (nuevo, confortable y amplio) aún me gusta y relaja más. ¡Me encanta!

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